Luego de haber participado en la más reciente reunión del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza (Enero 2008), donde pudimos compartir con personalidades del mundo de la competitividad como el destacado Profesor Michael Porter, coordinador general del Índice Global de Competitividad; Ricardo Hausmann, de la Universidad de Harvard, y el igualmente brillante economista y ahora Ministro de Economía de Chile, Andrés Velazco, sentimos la necesidad de expresar una reflexión sobre los indicadores de competitividad de referencia mundial.
Aún en el seno de la misma entidad que genera y publica el Índice Global de Competitividad, y en consideraciones compartidas por el propio coordinador de este indicador, se cuestiona la eficacia de este y otros Índices como muestra “fotográfica” de la realidad del desempeño competitivo de los países.
Se argumenta, por un lado, que países del Medio Oriente, como Arabia Saudita, al tener una gran cantidad de petróleo a precios tan alto, no se concentran en aumentar su competitividad, y sin embargo, de todas maneras obtienen el lugar número 33 en el último ranking del Índice Global de Competitividad. Por su parte, los Estados Unidos, que ha venido perdiendo terreno en sus exportaciones, experimenta un descalabro de sus finanzas al perder fortaleza el dólar en los mercados internacionales, y que, además evidencia un proceso de deterioro bursátil lo cual pone más en aprietos a esta nación, irónicamente obtuvo la posición número uno en competitividad.
Esto nos hace pensar y replantear que estos índices no necesariamente son evidencia de la real situación competitiva de los países, como lo pueden ser otros mecanismos como las encuestas y las investigaciones estadísticas, si no que sirven para que cada país pueda utilizarlos como un diagnóstico general de por dónde tiene que hacerse las reformas y dónde se tiene que invertir, a la vez que pone en contexto cuáles países están dispuestos a participar más del comercio mundial y de las inversiones extranjeras directas.
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